Monday, September 05, 2005

A Cristina












¡Hala!. Hete aquí en el farragoso, y tembloroso esfuerzo de escribir para alguien que me conoce. ¿Seré capaz de ser sincero? , ¿de contar algo interesante?, ¿de no sentirme juzgado?.
¿Qué es mayor, el esfuerzo depositado o el miedo a darme cuenta que no tengo nada o casi nada que decir y lo que digo lo digo fatal?. Me pongo la venda antes de la herida.
Porque además la tentación es enorme, la tentación de contar mi vida, mis ideas, mi mundo, sabiendo que si nadie me hace mucho caso cuando cuento de viva voz, imagínate, que caso me hará, si le pido el esfuerzo de leer, cuando yo no leo ni las instrucciones de las compras que realizo.
Por lo tanto voy a tratar de ceñirme, niña mía, a contarte lo poco que sé de tu familia paterna, es decir la mía, la de tu madre ya la conoces aunque probablemente haremos un anexo.

La familia, en general, es vasca de origen, la de tu abuelo salida de los alrededores de la cueva de Santimamiñe, de donde no hay que descartar fuera su primer hogar y en la edad media,(aunque parezca chocante fecha tan tardía), se integraran en los alrededores. Por cierto tu ya has estado en esta cueva a donde nos llevo a trote cochinero el guía presuroso en terminar su trabajo hasta la misma estalagmita del “huevo frito”, a una milla de distancia de la entrada, justo debajo de la cima del monte San Miguel coronado por la ermita del mismo nombre, sobreviviste tu y yo a esa carrera por las escaleras y pasadizos que hiciste en mis brazos y con tu madre dándonos el poco aliento que le sobraba en la carrera.
En todo caso del sitio más hermoso de la península Iberita, de la unión de la ría de Guernica con el mar. Con los acantilados de Ogoño, de la isla de Izaro, de las huertas y lugares de Ibarranguelua, de las playas de Laga y Laida, del caserío de Zabala, de los montes llenos de lluvia, sol, esfuerzo y amor. De aquí es la familia de tu abuelo Sabin Zabala Etxebarria, mi padre y el hombre más de admirar que he conocido nunca, un caballero cristiano.
Tu abuelo nació en una de las casas que ocupan la parte alta de la anteiglesia de Elantxove, no se en cual. Hijo segundo de Julia Etxebarria Arrotegui y Teodoro Zabala Zubaran.
Con las piernas colgando del balcón pasaba tardes de verano leyendo las novelas de Julio Verne y Emilio Salgari que le regalo un pariente del que ignoro el nombre, siempre le gusto leer; sobre todo de geografía, viajes, política,...
En Elantxobe no hay playa, así que salía nadando a la mar desde el puerto y se dirigía a una boya, que había para que los barcos que no podían entrar a puerto fondearan en caso de galerna protegidos de los Noroestes, por los acantilados del Cabo Ogoño, allí depositamos sus cenizas, en el sitio que se había sentido, en su niñez, más libre y más integrado con la creación. Gran nadador y gran atleta. No pudo ser marino como sus primos y la mayoría de sus antepasados, pues se mareaba pero le hubiera gustado.
Volveremos a Sabin, personaje principal de esta crónica, pero conozcamos a sus padres. Julia nació en Liverpool, ciudad industrial del Noroeste de Inglaterra a donde había llegado tu tatarabuelo Agapito Etxebarria huyendo de los acreedores y acompañado de otro huido que le enseño el oficio de sastre. La verdad es que la familia nos hemos empeñado muchas veces en ser marinos pero los resultados han sido pocas veces positivos. Agapito era Capitan de barco mercante y dueño del mismo y en su ultimo viaje, siendo propietario también de la carga, que no se cual era, no le hizo caso a las advertencias del Piloto y naufragaron perdiéndolo todo, no así las vidas de nadie embarcado, aunque las malas lenguas, para desesperación de mi izeko Bego, digan lo contrario.



Tras pasar sus primeros años en Liverpool, por orfandad u otra causa que desconozco Julia fue a vivir a casa de su tía y primas, no se si en calidad de ayuda a la casa o simplemente como prima. Tampoco te puedo decir si eran Tellerias, Solagurenbeascoaodriozabala, Gametxo o de algún otro apellido de nuestros familiares, pues salvo los 8 de mis abuelos, no tengo control sobre nuestros familiares y apellidos de los que solo recuerdo estos. Solo se que también eran originarios de los pueblos y caserios desperdigados en las inmediaciones de la citada cueva de trogloditas y en concreto vivían en Elantxobe.
Cuando se hizo mocita tuvo varios petimetres que la pretendían y opto entre dos marinos y eligiendo la no demasiado romántica vara de medir de que dél que primero recibiera carta, con él se casaría. Siendo la carta bendecida la de Teodoro Zabala Zubaran, tu bisabuelo.
Teodoro era originario de Pedernales a escasos 3 kilómetros tanto de Santimamiñe como del Elantxobe.
No se nada de sus padres, marino también supongo, pero si de su hermano Felix, que tendría importancia en la educación de Sabin pues a la edad de ir al Instituto fue a casa de Felix y Concha, casa de constructores de barcos, dueños de Zabala & Goitia y Cia.
Los Goitia nietos, grandes personas y amigos míos, durante mi estancia en Bilbao, cuando estudie Náutica siguiendo la tradición familiar.
Felix no fue nunca santo de la bendición de izeko Bego, y mi padre cuando me descubría alguna acción malintencionada o de abuso me decía que tenia cierto parecido al famoso “tío Félix”. El caso es que fue el único riquico de la familia. Y del que siendo, yo, ya mayor herede unas acciones del Banco Vizcaya con las que me compre una moto, deseada por mi toda la vida, y celebre con el resto la fortuna de pertenecer a gente tan emprendedora. Si queda espacio ya contare alguna anécdota del carácter del “tio Felix”, pero si quieres ver su maravilloso reloj de bolsillo, pídele a tu tio Jon que te lo muestre, es un automatismo fabricado en Suiza y metido en una caja de oro por un relojero de Cardiff, Inglaterra. Precioso.
Durante ese tiempo se traslado la familia Zabala Etxebarria a Bilbao, en principio a la Calle Correo, en las 7 calles y más adelante a la Alameda de Urquijo, 50. Por este periodo tu bisabuelo Teodoro, que era Jefe de Maquinas Navales, perdió su trabajo como inspector de buques en una naviera, teniendo que abrir un taller metalúrgico artesanal en Bilbao, con maquinaria que le cedió su hermano Felix procedente de desguaces de buques. En este taller ayudo a su padre tu abuelo Sabino en la fabricación de encendedores de chispa y en alguna fundición para algún artista de renombre.
El carácter de Teodoro Zabala era el de un artista bohemio, gran dibujante, escritor, músico, y sobre todo relator de historias costumbristas en clave de humor. Fue el único artista de la familia.
Aunque suenen un poco pobres, pues son mis recuerdos y no los originales te voy a contar algunas anécdotas de su vida y obra.
De sus viajes por el mundo como marino decir, que en su relación con los demás fue conocido como pacificador, era el que traía paz y reconciliación en las a veces turbulentas relaciones que se producían a bordo de barcos cuyas condiciones no eran todavía muy cómodas. Con su guitarra ponía paz y alegría. También con sus narraciones y cuentos. En definitiva era un bardo vasco.
Recordemos que todavía llevaban animales vivos en la gambuza para proveerse de alimentos frescos. Cuentan que en una ocasión y dada su afición por estirar su estancia en tierra, tuvo que coger “prestada” una bicicleta para llegar a tiempo a la partida de la nave. Embarco con ella y a los 2 años cuando el buque volvió a recalar en ese puerto devolvió el vehículo. Sus epístolas a la familia eran singulares y llenas de imaginación y preciosismo, mezclando las teorías einstenianas con la cruda realidad pero dando siempre un toque de buen humor y fantasía. La carta que escribió a su hija Bego cuando cumplió 15 años y titulada “La niña bonita” ha sido siempre recordada con amor por tu tiaabuela.
Entre los recuerdos materiales de sus viajes vi en mi niñez monedas impregnadas de lava del Vesubio y una extraordinaria coleccione de flores y plantas de Tierra Santa.
Fue torpedeado en la IGM por un submarino alemán, gracias al Señor fue en la primera parte de la guerra cuando todavía avisaban a la tripulación para que montaran en las lanchas y observar a prudente distancia como hundían su buque. Me suena que tuvo otro naufragio.
Al final de sus viajes fue ascendido a Inspector de Buques y en Cartagena finalizo su carrera profesional, cuando fue engañado por los vendedores de un barco que su Cia le ordeno inspeccionar pero que arrastrado por su afición a la farándula, hábilmente utilizada por los vendedores, dio un visto bueno sobre lo que resulto ser una birria de buque. Y el resto ya lo he contado. Taller artesanal en Bilbao.
Mis recuerdos de Atxitxe, que es como lo conocíamos sus nietos, son pocos. Nunca entendí una palabra de lo que decía y sus cuentos los se por traducción de mi padre o por lectura. Yo era un niño del pirineo y el un anciano vasco. El más intimo es cuando en el balcón de la casa de Algorta me enseño el infierno, que consistía en su boca llena de humo del cigarrillo. Era calvo y con una mancha en ella.
Sus cuentos: “La luz helada”, “El percebe”, “El rocín Bayo” son los que más recuerdo y sus obras pictóricas están en Urquijo,50. La mayor parte se perdió en la Guerra Civil, pues adornaba el Batxoki de Elantobe y fue asaltado por las tropas franquistas perdiéndose todo.
Volveremos a la Guerra más tarde. Ahora unos apuntes, más bien campanadas, sobre algunos miembros familiares lejanos.
Contemplando fotografías antiguas con iseko Bego, vi parientes viajeros y emigrantes en Filipinas, Cuba y Argentina. Sobre la pariente filipina, debo decir que en la fotografía se observaba a una mujer hermosa con traje antiguo rodeada de niños de aspecto oriental e iseko me explico que eran sus hijos y lo asombroso de las leyes de adaptación al medio, incluso en los rasgos físicos; yo contemplaba con admiración a mi iseko en su candor, pero desde ese día mi fe en los ambientalistas, evolucionistas y otros supersticiosos sufrió un duro revés.
Los Solagunenecetera fueron marinos también y compañeros de juegos de Sabin, pasando aventuras en botes en el mar, como cuando se les vino encima una galerna e incapaces de gobernar el barco a puerto, unos pescadores les lanzaron un cabo de remolque. Ante la impericia para halar el cabo terminaron abandonándolos al grito de “La gloria no es para los tontos”, que en euzkera y en medio de un temporal tiene que sonar fatal. Debieron pasarlo mal pero terminaron por volver sanos y salvos a sus casas donde obviaron hacer comentario alguno y si tu abuelo no continuo la carrera náutica no fue por este hecho sino por su propensión al mareo. Resulto un mal profeta ese patrón sentenciador pues los Solaguren terminaron como Practico Mayor del puerto de Bilbao, Javier. Del puerto de Barcelona, Felix y del puerto de las Palmas el medio-pariente y miembro de la cuadrilla Roman, que es lo máximo que un marino civil puede aspirar. Y tu abuelo se jubilo como Ingeniero Jefe. El tío Javier me matriculo en Nautica en la Escuela Oficial de Náutica de Portugalete y uno de sus hijos visito nuestra casa en Sabiñanigo durante el periodo que le toco de servicio militar en el cuartel de Gravelinas de mi pueblo.
Unos primos Renteria se casaron entre si con dispensa Papal y emigraron a Argentina donde llegaron a ser una de las 500 fortunas más importantes de este país y supongo lo seguirán siendo. Ella había sido previamente novieta de tu abuelo.(Ya te digo que esta gente de la cueva aunque daba vueltas al mundo constantemente, no salían de unos pocos Km). El cual se paso un apuro cuando en una visita que hicieron los parientes a España, en la cena organizada la prima le contó, delante de los hijos como castillos, que tenia una espina clavada en el corazón pues se había sentido herida por tu abuelo y lo quería sacar a la luz. No imaginando a que se podía referir se sintió aliviado cuando relato que la espina se trataba de que en una ocasión le había echado en cara que “bebía como una cosaca”. Tu abuelo se sintió aliviado cuando comprobó que se trataba de una imprudencia menor.
Pues, estos parientes formaban la cuadrilla de niñez de Sabin, y si antes he contado una aventura en la mar, ahora va otra en tierra. Aficionados a bajar en goitiberas por las empinadas calles, el cojinete trasero piso y quemo la gabardina nueva de Sabin, lo que al principio era entusiasmo por el olor a quemado que producía su goitibera se transformo en temor al ver que no era un motor imaginario el que lo producía. Temeroso de presentarse ante su ama Julia, cuando tuvo que afrontar la situación le empezó a contar como a un compañero suyo, que había utilizado su gabardina como poste de la portería en un partido de fútbol, en un descuido se la habían robado y empezo a comentar con su madre el disgusto tan grande que había producido el hecho en la madre y en el chico y como podían celebrar que “a mi solo me ha pasado esto” y exhibió la gabardina con agujero a su madre, que ante la sorpresa y el desparpajo de su hijo lo libro de una buena regañina.

¡Uff! ¡Que difícil es tratar de poner orden y de no enrollarse! Y por otro lado poner a todos los parientes.
He nombrado a los padres de Sabin, ahora voy a nombrar a sus hermanos. Fue el segundo pues tuvo un hermano mayor, Iñaki, que murió a los tres años y del que siempre llevo colgada al cuello su medalla de nacimiento. Hay una fotografía que se les ve a los dos juntos, guapos y fuertes mirando a la cámara llenos de vida. También tuvo dos hermanas Begoña e Izciar. Begoña, mi iseko Bego; mujer sabia, con un sentido del humor que podríamos definir vasco-ingles y una perla para contar situaciones y biografías donde los personajes se mueven en un mundo de inocencia y donde la situación más escabrosa o terrible se transforma. Un alcohólico se transforma en alguien que tiene mucha sed; un delincuente en alguien que aparece en listas policiales por algún oscuro interés exterior que en nada ensucia su honor ; etc., etc., etc.. Begoña se caso con Benjamín Cuesta, librero, impresor, y como el decía vendedor lo mismo de libros que de naranjas. Hombre inquieto, de tremendo dinamismo. Católico, hombre de empresa, deportista y un sin fin de actividades, más como organizador que como profundo conocedor. Gracias a él conocí la belleza de las masas corales, pues organizaba anualmente una semana de música coral, donde vi a grupos de tremenda categoría, de máxima categoría.
Y tuvo 6 hijos: Iñaki, Jon, Gotzon, Begoña, Josu y Ane. Con los hijos de Begotxu y Ane tu has jugado en la playa de Sopelana y confío sigas jugando en el futuro. Me gustaria escribirte de todos ellos, pues viví 5 años con ellos en su casa y si bien yo pasaba por una epoca muy rebelde y desagradable, ellos fueron super amables conmigo y son en esencia buenos e interesantes. Pero será en otra ocasión pues en este primer esbozo es solo una presentación y quiero terminar pronto.
Iziar era la hermana más pequeña de Sabin, buena, trabajo en el Banco Vizcaya hasta su muerte, producida por cáncer, soltera, nunca salió de Alameda de Urquijo, 50; donde vivió con su padres, hermana, cuñado y sobrinos, siendo muy querida por todos. Yo le hice en una ocasión una faena, relacionada también con una gabardina que había roto en su estreno e hice creer que la había roto ella cuando se la preste en una visita que hizo a nuestra casa de Sabi. Se la llevo a Bilbao y la devolvió por correo con un zurcido realizado por las Hermanas de Santa Mónica, que no creo yo que haya llevado otra gabardina zurcido más delicado.
Me queda por describir el ambiente de este lugar donde paso su infancia oSaba Sabin, que es como le conocieron sus sobrinos vascos, Elantxobe en los años 20 del Siglo XX.
Pueblo colgado del Ogoño hasta llegar al mar, donde un puerto ofrece refugio a los barcos de pesca, que era el medio de vida de los habitantes de la parte baja del pueblo. Defendido de los Noroestes, no por ello escapaba a las lluvias, temporales, galernas invernales y sin embargo esos niños iban descalzos y con muy poca edad empezaban a acompañar a sus padres a la pesca y a llamar terrícola a mi padre y a los que como el no eran hijos de pecadores sino de marinos mercantes de carrera, y de los distintos otros oficios que en un pueblo había y que iban calzados. Terrícolas, que relativo y que ironía para quien ha nacido y vive a 100 metros de la mar y su sustento viene de ella. Los niños morían entonces con facilidad, tocando las campanas de la iglesia a mortijuelo con frecuencia. Quizá esa cercanía y certeza de la muerte hace que en la puerta del cementerio, situado en la parte más alta de todas, en euzkera una leyenda escrita te recibe y te despide con una petición y un saludo “Una oración y hasta luego”. No puedo extenderme con la descripción del ambiente, pues no lo he vivido y aunque he oido y leído, seria imaginar.
No quiero dejar de describir la ultima vez que vi a tu abuelo y fue en la iglesia de su pueblo cuando después de arrojar sus cenizas en la mar en un día soleado y con la mar en calma, volvimos en los botes de su lugar favorito para oficiar una misa católica. Una vez en el interior y mientras el maestro de ceremonia realizaba sus ritos, el coro de mujeres empezó a cantar y entonces cerré los ojos y vi a mi padre con paso alegre y con la cara risueña andando con su peculiar estilo por un bulevar zaragozano cantando a pleno pulmón “Los celos del Rey Salomón”, el sol pasaba entre las ramas de los árboles y yo rompí a llorar con un llanto incontenible que me limpiaba y me mostraba cuanto quería a Sabin Zabala Etxebarria, mi padre. Tu abuelo.

Habíamos quedado que en Bilbao se aposentaron y estudio el bachiller en el Instituto de Bilbao, y digo el Instituto porque es el que esta en el centro del Ensanche, en el Instituto y ayudaba a su padre en el taller. Y entonces sucedió el drama más terible que puede ocurrir y fue la Guerra Civil. La Guerra Civil fue un hecho tan terrible que escapa a toda lógica y que ya te explicaré en que consistió en otra ocasión y cuales fueron sus consecuencias a nivel social y espiritual.
Pero ciñéndonos a nuestra historia familiar y de momento solo a esta parte de la familia y más en concreto a Sabin, veamos que sucedió. Tu abuelo, cuando las tropas invasoras iban a entrar a la ciudad, salió a la calle armado con un revolver Colt, una pistola Astra, dos bombas de mano artesanales y 17 años, dispuesto a defender sus iglesias, sus monumentos, su familia y su cultura. Sin llegar a disparar un tiro fue hecho prisionero y conducido al teatro Arriaga de donde lo llevaron a la ciudadela de Pamplona, lo pasearon por la calle y los pamplonicas lo señalaban con el dedo y gritaban “Gudari, fusilarle”, indicando con la palabra Gudari que era voluntario y merecía la muerte. Se veía que era voluntario, a defender su casa, porque era de aspecto aniñado, a lo que se añadía sus gafitas circulares de miope y que nadie le hubiera movilizado a la fuerza.
Desde entonces nunca tuvo simpatía por los pamplonicas y su ciudad. Cuando pasábamos, de viaje a Bilbao, por Pamplona nunca nos detuvimos y solo nos señalaba la ciudadela y nos indicaba que allí estuvo encerrado, pero nos sonaba a batallita inentendible.
Encerrado en la ciudadela, ahí fue juzgado y si bien el fiscal pidió que le mataran, el Juez le condeno a trabajos forzados.
Trabajos forzados, ¡Que mal suena eso si uno se pone en sus zapatos!, un chaval. Vigilado por fanáticos, extranjeros, en soledad. Cavo trincheras entre dos fuegos, durmió en túneles donde el viento del invierno iba matando a hombres cuyas fuerzas se extinguían y la tuberculosis remataba. Pero allí conoció al que seria su ayudante en el resto de la guerra, y también su protector. Protector porque, este gallego analfabeto y supersticioso, de 40 años, carpintero de oficio, le construyo una caja de madera donde se metía por las noches para huir del viento helado y la tisis. Revisada su condena al año, fue enrolado en las tropas franquistas como radiotelegrafista y el gallego como su ayudante para llevar las baterías. Y en mil lugares, con mil peripecias, sin armas pues había conseguido un permiso especial para no portarlas con la excusa de la radio y su peso. Del resto del equipo se desprendió sin permiso para poder cargar con más libros que era su mundo real, desechado por hastió del político, del de los falsos valores, de la manipulación ideológica y de la muerte. Seco y vació consiguió terminar la guerra, con el desaliento de no creer en nada del hombre y confiando solo en Jesucristo de Nazaret.
Durante 8 años más tuvo que servir en el ejercito, pero en Bilbao y consiguiendo terminar la Carrera de Ingeniería técnica entonces llamada Peritaje Industrial, pues la Superior que era su ilusión no pudo ser, por diversas dificultades. Trabajo en diversas empresas importantes del País Vasco, sobre todo como comercial técnico y entonces apareció un ingeniero del ICAI, que le explico que buscaba Técnicos para montar centrales Hidroeléctricas en el Pirineo Central, donde se iba al trabajo en esquies y donde había libertad y posibilidades.
Y aquí empezó otra vida nueva, la más interesante.
Aunque he querido señalar la dureza de su primera juventud, debo decir que nunca se mostró amargado, ni victimista y que cuando contaba historias de la guerra, cosa que a mi madre no le gustaba nada, te morías de risa; eran aventuras donde el humor explotaba y te daban ganas de haber vivido sus aventuras, solo el recuerdo y la reflexión me han enseñado que detrás de sus divertidas historias existían unas vivencias crueles (eso lo sabia mi madre) y que solo por su confianza y amor en Dios le hizo salir limpio de aquella terrible guerra y sus consecuencias.

Y hete aquí a Sabin en Sabiñanigo, también conocido como Sabi_City, la Ciudad del Dólar. Un lugar donde los mulos se ataban a la puerta del bar, donde había unas fabricas químicas y de transformación de la alumina, que en muchos productos eran pionera en España. Un lugar en la desembocadura del Aurin, La Tolivana y el Basa en el principal Rió Gallego (porque viene de las Galias, aunque no es cierto). Un lugar de barrancos y terraplenes donde, aun en mi infancia, en la plaza principal, la del ayuntamiento, habia montañas de pirita y otros restos de la fabricación. Donde el tren tenia un ramal hacia la fabrica a través de una trinchera que se cruzaba por un puente de madera en donde me ponía para recibir la nube de vapor de las maquinas. Un lugar donde más que libertad había aislamiento pero también industria, progreso y dinamismo. Donde hizo una cuadrilla con que comprarse un Ford e ir de fiestas, donde se sentía importante haciendo un trabajo importante, en nada parecido a tener que esperar sentado en las salas de espera de los clientes que muchas veces solo humillan y no compran en Bilbao. Donde solo había una familia del lugar, la familia de labradores amiga de tu tía Amaya. Todos los demás o de gentes de los alrededores o de los cuatro puntos cardinales tanto españoles como en menor medida, los directores, extranjeros.
Y en uno de los viajes con el Ford a un baile del Casino Principal de Jaca, ciudad pequeña pero antigua y señorial, conoció a Mª Pilar Zubero Claver. Pili Zubero, tu otra yaya.

Tu yaya, como suele pasar, también tenia yayos pero se muy poco de ellos. Los Zubero venían de la zona de Durango, ella se apellidaba Badiola y no sabían hablar otra lengua que el euzkera. Ignoro sus nombres de pila. Vinieron al Pirineo Central como constructores de puentes y caminos y tuvieron 7 hijos, entre ellos Delfín, tu bisabuelo. De tu tatarabuelo solo se que en Candanchu salvo a unos viajeros de la muerte en una ventisca en la que se habían perdido y que era tuerto, cojo y manco, desconozco la causa. Quizá fuera autodidacta con la dinamita con que se abria camino.
Parece ser que una parte de los Zubero se quedo en Jaca y otra marcho a Zaragoza de donde partieron a EEUU los campeones olímpicos David y Martín Lopez-Zubero; bueno su padre. Y en Zaragoza quedan dos hermanos Zubero, los únicos que conservan el apellido como primero. Arturo dueño de unos de los bares clásicos de la noche Zaragozana y el otro a quien conocí en una tintorería el dia anterior a contraer su matrimonio y con quien nunca he vuelto a coincidir. Estos hermanos tienes una historia curiosa pues su padre, un Zubero, era un golfo que se caso con una mujer de la calle, que resulto ser una mujer decente y que ante las infidelidades de su marido supo afrontar con esfuerzo y decencia el trabajo de sacar adelante a sus hijos, y actualmente, ya sin cargas, se ha casado con el exGobernador militar de Gran Canaria.
De los Zuberos de Jaca, el mayor conocido como Don Pedro, hizo un Chalet precioso en el Barrio de la Universidad entre el Seminario Católico y la Casa de los Bielsa. Chalet al que iba a buscar a mi tiaabuela Josefina para llevarla o llevarme a la Catedral de Jaca por las mañanas durante el tiempo en que yo viví con mis abuelos Elisa y Delfín. Llevar a las tía abuelas a Misa era un trabajo de mi infancia, en que lo peor eran los besos que habia que dar y recibir. De los demás no se nada, supongo que murieron antes de mi conciencia, solo se que hay un Zubero, taxista, en Jaca a quien yo nunca he conocido, pero si tu tio Jon . Parece que a los euzkaldunes no les fue mal con la construcción pues, mis tías fueron maestras y mi abuelo tenia una gran casa, cantera, fabrica de azulejos y una prospera empresa de construcciones. Tengo muchos recuerdos de mi abuelo Delfín y conozco de oídas algunas de sus batallas.

Delfín Zubero Badiola, un hombre de los de antes, siempre con traje de chaleco y boina, aunque cuando estaba en Madrid, o en La Coruña o en Cartagena llevaba sombrero, eso se ve en las fotos, pero en mi recuerdo siempre con boina. Recuerdo una foto en que se le ve en el quicio de la puerta liando un cigarro mirando a la cámara.
Comíamos en el comedor de sillas altas estilo castellano, con muebles antiguos y señoriales, el siempre comía cabezas de pescado o de ternasco, sopa, tortilla francesa y algo de lechuga. Yo siempre he desayunado tostadas con aceite y sal, costumbre que el introdujo en la casa, aprendida de sus obreros andaluces, gitanos y extremeños, con los que comía a veces lagarto y culebra. Mis paseos con el en un coche antiguo, de esos que se ponían en marcha con una manivela, son de los recuerdos más gratos de mi niñez. Íbamos a ver a los soldados aprendiendo a marchar, a tirar piedras al rio, a explotar dinamita en la cantera, a ver llegar el tren-correo a la estación de Jaca y terminábamos en el Casino Principal, donde las armaduras y tapices me hacían entrar en un mundo de fantasía.
No sabia yo entonces que esa visita estaba relacionada con la partida de naipes que tenia por la noche, que nunca comprometió la economía familiar. Pero su costumbre de las cartas fue tan permanente que el inicio de su muerte ocurrió a la vuelta de una partida, en una noche de lluvia cayo al suelo y se golpeo, quedando en el suelo y enfriándose ; la neumonía se complico, sin salir de la cama desde esa noche murió al mes. En otras épocas famoso por su profesionalidad, fue contratado por las mejores empresas de construcción de antes de la guerra como jefe de obras de la construcción del puerto de La Coruña, donde en una campana de vacio casi pierde una mano, o de la construcción de los polvorines de la base naval de Cartagena. Terminadas las obras volvía a Jaca.
Pili Zubero paso parte de su niñez en La Coruña y en Madrid siguiendo a sus padres en la construcción física de España.
Muchas carreteras del Alto Aragón fueron obra suya, la de Hecho y Anso, la de Aragües del Puerto y Jasa. Por cierto en la borda de Jose de Jasa fue donde se sentó a pagar a los obreros el salario, momento que esperaban unos asaltadores para desvalijarlo. Grande fue su sorpresa cuando del pecho no saco una cartera de dinero, sino una pistola con la que les obligo a meterse en el abrevadero hasta que llego la Guardia Civil. Fue hombre de genio. Muchas casas en Jaca y los valles adyacentes son de su construcción, la casa en Cervantes,6 y que ahora es casi en su totalidad de los Sarto, pero de la que aun nos pertenece el entresuelo. Y la que yo amo más de sus obras el Instituto de Sabiñanigo donde mis hermanos, mi primo Ricardo Sarto y yo estudiamos. Una obra preciosa y en su momento pionera y ejemplar de lo que debe ser un centro de enseñanza secundaria y polivalente. Los planos eran de un gabinete de Barcelona considerado de lo más granado a nivel mundial, Noseque, Noseque y Mckensey. Nunca fue ninguno de estos arquitectos a visitar las obras, ni siquiera a su inauguración y todas las contrariedades, posibles improvisaciones, y terminado salió de la profesionalidad e imaginación de Delfín y de su hijo mayor Luis Zubero Claver.
He escuchado historias sobre él en el invierno de Aragües del Puerto, en bares de Jaca y en coches particulares, a empresarios, obreros y clientes y siempre han sido historias de respeto y admiración a un hombre emprendedor y valiente. A un hombre de carácter, y por lo que se por la familia un hombre responsable.
Mi relación con él fue más importante de lo que en un niño pequeño pueda parecer. Fue mi protector, mi mayor cariño y mi cómplice ante las primeras complicaciones con la escuela, la autoridad y la vecinas de mi edad, que me gustaban mucho y no sabia como estar con ellas. Sentí la pena de que por una rabieta ante mis padres, deje su casa y murió sin que nos hubiéramos reconciliado; siempre me peso y por confesión de mi abuela Elisa para él fue un gran disgusto; perdió su ultima ilusión. Estar con su nieto favorito.


Veo que estoy introduciendo demasiados datos intimistas y no es la intención de este escrito la de ser unas memorias, sino solo una genealogía algo atípica. Pero es muy difícil, cuando constantemente me asaltan visiones, recuerdos, sonidos...
Por una parte se es escaso y por otra sobreabundante y superfluo. Necesito alejarme y acercarme a la vez. ¿Es posible eso?. Ganas de terminar, pero no de dejar de decir; en fin reflexiones de escritor, ¡Vaya! ¡Vaya!.
Como antes he comentado lo terrible de la Guerra Civil, debo añadir la participación del Yayo en este drama. Su participación fue la de apoyar en los juicios a los reos, fue una epoca de terror donde la envidia, las rencillas personales, tenían vía libre para utilizar la ¿Justicia? como arma destructora de enemigos. Como hombre de honor y respetado en la sociedad que ocupaba el poder en Jaca consiguió librar de penas injustas a muchos de sus conciudadanos, incluso de la muerte y nunca trato de sacar provecho de esa situación, ni aprovecharse de nadie.
De paso añado que la tía Elisin participo como enfermera y como toda la familia trato de aliviar a los prisioneros que llevaban por su calle, saliendo de la casa para dar alimentos y cura. Mi madre aunque era muy niña recordaba que los que llegaban más maltrechos y maltratados eran los gudaris lo que les penaba mucho, pues aunque aragoneses, por sangre los sentían cercanos.


De los otros yayos de Pili Zubero decirte que eran labradores y comerciantes de Ayerbe, puerta del Pirineo y de allí era la madre de Pili, Doña Elisa Claver Abadia y fue a Jaca a casarse con Delfín. Me contó que entonces Jaca todavía tenia una muralla que la circundaba y que había que pagar a los alguaciles en las puertas de la ciudad el peaje que te permitía entrar. Los ClaverAbadia y otros parientes, Liesa y otros, eran Ilerguetes puros, de la puertas del Pirineo, de la Hoya de Huesca, aragoneses dicen, más bien Ilerguetes. Por cierto Lisa es también tu Yaya Pepi que es tambien de la Hoya de Huesca, del principio de los Monegros, del Dominio del Puyalon, ya hablaremos. Estos parientes tuvieron en mi niñez una finca en Puente la Reina donde muchos sábados de verano íbamos junto a los Sarto a bañarnos y merendar. Bañarnos en una piscina que llenaban con agua de acequia y donde no vi jamás el fondo por el chocolateado del agua. “si veis alguna culebra no os preocupéis”, era una voz que oía y me preocupaba. Pasados muchos años el Claver que alquilo la finca cayo con su tractor en una zanja y la viuda e hijos abandonaron la zona. En fin la historia siempre es de vida y muerte, solo importa que la vida sea llena y la muerte en la esperanza de resucitar con nuestro Señor en una Tiera Nueva, donde no haya dolor ni maldad.

Doña Elisa Claver Abadía. Para mi y todos sus nietos, la yaya.
Desde luego una característica de la Yaya era su amor a la belleza de las personas, tanto hombres como mujeres. Era raro que describiera a alguien sin describirlo físicamente y la descripción de algunas personas era muy evocadora. Un gran recuerdo de ella tiene Raquel, la peluquera que venia a casa a peinarla y a quien sonsacaba sus cuestiones de amor y sus inquietudes y a quien no se cansaba de elogiar sus proporciones. Raquel conserva con cariño un plato que le regalaron mi madre y la yaya. Dos grandes señoras a ojos de mucha gente. La yaya venia vivir a casa durante los otoños e inviernos desde la muerte de su marido, el Yayo. Y se aburría bastante, pese a las partidas de cartas que organizaba con todos nosotros, las colchas de punto que hacia, las salidas a misa, la peluquera que venia a casa y de las cartas que escribia a su hermano Ramon que emigro a la Argentina y a quien nunca dejo de escribir. Otra hermana de Elisa que conocí fue a la tía Paquita, que fue soltera y maestra de escuela y de quien tu tía Amaya tiene alguna joyeta. Que te las enseñe. Pero bueno el invierno es el invierno y Sabiñanigo no es Jaca. Los últimos años empezaron a ser bastante divertidas sus versiones de las películas que estaba viendo en la tele, mucho mejores que las originales siempre tan previsibles.
Pero al final fue en verano cuando termino sus días, en su amada Jaca.
De familia de labradores y comerciantes acomodados dentro de lo que cabe, fue una señora de tradición altoaragonés, educo a sus hijos con primor y poso de señorio. Fueron tres, mi tío Luis, mi tia Elisin y la más pequeña Pili, mi madre.
Tengo que escribir antes de terminar de mis tíos maternos aunque solo sea una nota. Mi tío Luis fue educado como niño bien y mi abuelo tuvo que ir a buscarlo a Madrid para dar por terminados sus estudios, donde era más conocido en los frontones y otros centros de esparcimiento que en la Universidad. Se caso con Mª Victoria Cavero de familia de comerciantes y labradores, mujer con quien he pasado muy buenas tardes en su casa de Jaca, disfrutando de esa educación antigua y de sus explicaciones de cómo se educaban en el negocio en su familia, completando su formación en comercios de familiares en Zaragoza antes de volver a Jaca para hacerse cargo de los que ahí tenían. La tía Mª Victoria sufrió de esquizofrenia y siempre fue muy atendida por mi tío. Tuvieron una hija preciosa, Marivi. Chica a quien a mi me encantaba ver, su pelo rubio y lacio y sus ojos, uno verde y otro azul. No me hacia tanta gracia verla pelando la pava con sus novietes en el portal de casa, novietes a quien envidiaba. Resulto que cuando se fue a estudiar a Zaragoza a la Universidad, siguiendo la tendencia de su padre se intereso más en sus novietes que en los estudios. Resultando que se hizo progre y se quedo embarazada de un antisistema pamplonica con el que se fue a vivir dando por terminados sus estudios. Hete aquí a mi tío Luis haciéndose comunista a su edad y dejándose una barba que le sentaba como a un santo dos pistolas. Los padres por amor a sus hijos son capaces de cualquier cosa. Por cierto al tío Luis le oí leer Corintios 13 en la boda de mi prima Isabel Sarto Zubero y sentí la voz de Dios en esa lectura. Años más tarde, habiendo aceptado yo al Señor en mi corazón, volvimos a hablar sobre Corintios 13 y se que su alma buscaba y conocía al Señor y así lo quise hacer saber en su entierro.

La tía Elisin fue una de las mujeres con más carácter, fortaleza y clase que yo he conocido. Se caso con Fernando Sarto y tuvieron 11 hijos Fernando, Pilar, Mª Jose, Manolo, Ignacio, Nenona, Daniel, Ricardo, Isabel, Cristina y Alicia. Mis queridos primos de Jaca. No te voy a explicar nada, pues se me acaban las ganas de escribir. A los que más he querido y tratado han sido a Ricardo y a Fernando. Cariñosos, que adoraban a mis padres y que eran leales y valientes.

Mama, mama, mi mama. Pilar Zubero Claver. Pili Zubero.
Cuando murió, mire al cielo estrellado de Aragües de Puerto donde me hallaba y pensé que una de esas estrellas era ella. Mujer americanizada por el Selecciones, culta, divertida, sensible, trabajadora. Tenia más macetas que nadie, jardín precioso, cuido de todos los perros, gatos, cardelinas, que llegaron a casa, a quienes les hablaba como si fueran niños, amiga de todo el que llamara a la puerta, siempre guardaba en la nevera algo que dar a las gitanas de quienes sabia el nombre y numero de sus hijos. Nos llevaba al rió Aurin a sus hijos en verano, y a la piscina del pueblo desde su inauguración, donde fue una institución.
Siempre la sentí preocupada por todo y emprendedora en cien cosas. Su preocupación por sus hijos era superlativa y he ahí donde patino. Pretendía educarnos a su antojo y perfección y se encontró con unas piedras rodantes. La pelea no tuvo fin.
Mujer elegante y guapa en un mundo donde las mujeres vestían de negro, mujer con estudios superiores donde muchas no sabían escribir. Mujer sensible, donde había sequedad.
Tu abuela te hubiera encantado y metido en mundos sublimes, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón y a la vez te hubiera hecho pisar tierra firme ante los esfuerzos de la vida. No me voy a extender y alguna vez si escribiré todo lo que hay en mi corazón con respecto a Pilar Zubero Claver. Pili Zubero. Mi mama. Tu abuela paterna.

Sabin y Pili tuvieron cuatro hijos Jon, Javier, Jose Luis y Amaya. No te voy a contar nada más, no tengo ganas. Quizá más adelante. Conoce a tus tíos, son buenos, hermosos, raros y esquivos. Si el Señor lo permite les amaras y aprenderás de ellos, en todo caso a Tía Amaya ya la conoces y estoy seguro que disfrutaras de su amistad y mimo. Y de sus hijos Luis, Claudia y de su esposo Luis Borau.

De la historia de la familia materna, algo sabes ya y los quieres que es lo más importante de todo. La “Casa del Molino”, y el “Imperio del Puyalon de Casa Arroyos”, son tus orígenes maternos. Gallego-aragoneses los de tu abuelo e ilergetes puros los de tu abuela.

Con todo mi amor para Cristina.
...entonces acuérdate de lo que un día yo escribí, pensando en ti, pensando en ti como ahora pienso.

4 Comments:

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Blogger Jesus Mari said...

¡Hola!
Acabo de leer tu relato familiar, que me ha traído unos recuerdos estupendos. Yo soy el menor de los primos de tu padre, los del sexto izquierda de Alameda de Urquijo 50. Los Solaguren-Beascoa Zabala. Tampoco soy marino sino que hice ingeniería industrial en Bilbao y, desde hace un montón de años vivo en Burgos con mi numerosa familia. Mi madre, María Zabala Zobaran, era la hermana pequeña de tu abuelo Teodoro.
Hablaré con mi hermana Leonor, que sí que tuvo mucha relación con Sabin para que lea este blog. Mis otros dos hermanos, que eran los que más se relacionaron, murieron. Yo era el pequeño con mucha diferencia de años y apenas traté con él. Ten en cuenta que en Urquijo 50 solíamos tener abiertas las puertas de ambas casas para pasar de una a otra sin tocar el timbre. ¡Eso son puertas abiertas!
Si me das un email, te enviaré un trabajo genealógico hecho por mi que te puede resultar interesante en tus investigaciones y recuerdos.
Un fuerte abrazo.
Jesús Mari

11:09 PM  

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